El sodio es un mineral que actúa como un electrolito, donde cumple una función importante en el equilibrio de los fluidos del cuerpo. El sodio funciona con otros electrolitos para mantener el volumen sanguíneo, el equilibrio de los fluidos y de los electrolitos. Cumple una función fundamental en el control de la presión arterial, interviene en la función nerviosa y trabaja para transportar las moléculas a través de las membranas celulares.
Casi todos los alimentos contienen naturalmente pequeñas cantidades de sodio, aunque su consumo excesivo es muy frecuente; en gran medida esto se debe al uso de sal para condimentar las comidas y al consumo de alimentos procesados que contienen sodio, como los alimentos enlatados, embutidos y comidas rápidas. La mayoría de las bebidas, como la leche, el agua, los jugos e incluso las bebidas sin alcohol, sólo contienen pequeñas cantidades de sodio.
El sodio es una parte esencial de la dieta; sin embargo, la mayoría de las personas en los países desarrollados consumen a diario mucho más de la cantidad necesaria. Dado que las dietas con alto contenido de sodio pueden incrementar el riesgo de padecer presión arterial alta (hipertensión) en algunas personas, el Instituto de Medicina de Estados Unidos recomienda limitar su consumo a 2,3 gramos diarios, lo que significa menos de la mitad de lo que los adultos estadounidenses generalmente ingieren.
La mayoría de las bebidas, como la leche, el agua, los jugos e incluso las bebidas sin alcohol, sólo contienen pequeñas cantidades de sodio. Sin embargo, es fundamental leer el contenido sódico en la tabla de información nutricional que aparece en las bebidas, ya que es posible que a algunos jugos de verduras, como los de tomate, se les agregue sodio para brindarles sabor.