Consideraciones especiales en la etapa de la vejez
 
Las exigencias de líquido son las mismas que para los adultos más jóvenes. En un informe en 2004, realizado por el Instituto de Medicina (Institute of Medicine) de la Academia Nacional de Ciencia (National Academy of Sciences), se llega a la conclusión de que las mujeres necesitan aproximadamente 11,5 tazas diarias de líquido proveniente de las bebidas y los alimentos, mientras que los hombres necesitan alrededor de 16 tazas.

La deshidratación en los ancianos puede tornarse un problema grave, ya que está relacionada con un aumento en el riesgo de las caídas, las infecciones en el tracto urinario, las enfermedades dentales, las afecciones broncopulmonares, los cálculos renales, el cáncer, la constipación y los problemas en la función cognitiva.

Los ancianos ingieren menos cantidad de líquidos de la necesaria. Con el transcurso del tiempo, el cuerpo pierde la capacidad de detectar la sed. Algunas personas mayores también tienen mala memoria, presentan inmovilidad o padecen enfermedades, lo cual puede dar como resultado una disminución del consumo de líquidos. A su vez, existen ciertos medicamentos que pueden bloquear el mecanismo de la sed.

Aliente a las personas mayores a que beban durante todo el día, aunque no sientan sed. Tenga al alcance aquellas bebidas que disfruten y, si es posible, sírvalas con anterioridad en tazas y vasos irrompibles que sean fáciles de sostener y difíciles de volcar. También ofrézcales sopas, paletas heladas, gelatinas u otros alimentos sabrosos que contengan líquido lo más frecuentemente posible.

Si usted considera que una persona mayor no ingiere el líquido necesario o bien podría presentar signos de deshidratación, trate sus inquietudes con un proveedor de atención médica.

Recibir más consejos sobre cómo deben mantenerse hidratados los adultos.